martes, 24 de noviembre de 2015

Historias de depravator: Nunca pensé que mi mujer fuera tan zorra y yo su espectador.

 Suelo pasar los fin de semana y feriados en una casona de un barrio privado, como se conoce aquí en Argentina a las casas de fin de semana. La verdad es que tengo un muy buen pasar económico y por eso compre esta hermosa casa y la puse a nombre de mi esposa.


 Con ella tenemos cuatro hermosos hijos que viven en la gran ciudad, - donde también vivimos nosotros cuando no estamos en esta casa de descanso -, y no necesitamos más nada para ser felices, aunque en materia sexual yo ya no estaba funcionando y mi esposa, con 10 años menos que yo, me pedía coger casi todos los días sin poder cumplir ni siquiera un día a la semana. ¡Mi vida sexual era un desastre!

 Ella tiene 55 y yo ya estoy en la edad de jubilarme (65), pero al parecer, ya no la puedo satisfacer como antes, justo cuando ella está hecha una hembra cada vez más exigente y hambrienta de sexo y más sexo.

 Hace una semana me hizo saber que ella no sabía que hacer porque tenía muchas ganas de coger y de tener fantasías sexuales conmigo. Yo sabía que era impotente por un problema de toda la vida y un nuevo problema de salud  me agravó aún más el tema de la erección, así que no tuve otra opción que decirle que haga lo que quiera por allí.

 Por supuesto que me puse mal al principio, pero luego pensé en frío, o más bien en caliente. Le di plena libertad a sus apetitos sexuales, - ya sabía que por algún lado me había metido los cuernos con algún pendejo -, en alguna salida con sus amigas maduras a sus fiestas alocadas.

 Yo sabía de las fiestas sexuales de ellas porque mi mujer ya me lo había mencionado, fue cuando decidí que ella me contaba cosas con confianza y no podía hacerle problema al respecto. En alguna de aquellas fiestas salvajes con chongos, mi esposa encontraría alguno que la sepa tratar con dureza para penetrar en su problema, bueno esa era la idea.

 Cuando le pregunte si iba a ir a la fiesta, me contestó que no, y me hizo una carita de tristeza, - seguramente porque no podíamos estar bien en la cama -. Ella rápidamente me dijo que no me preocupara, que ya le íbamos a encontrar alguna solución a mi problema d erección y me confesó que solo una vez había tenido la tentación de estar con un hombre que no fuera yo. Por supuesto, no le creí nada.

 La verdad es que mi mujer era una madurita que por su edad estaba bastante buena. Lo que más me calentaba de ella eran sus enormes tetas y su culo firme y grande. Su carita de zorra era lo que me ponía de la cabeza, con solo imaginarla encamada con otro o con varios a la vez.

 Un día después de la salida que ella no concretó con sus amigas, yo la vi muy bien vestida y bonita, sabía que tenía ganas de salir. Fue entonces que decidimos ir a comer afuera. La pasamos muy bien esa noche así que ella tenía muchas ganas de tener relaciones, pero como yo había tomado y no podía hacerlo por mi flácido miembro, se me ocurrió que ella podía hacerlo con otro. Ella dudo y se negó rotundamente al principio, pero le asegure de que yo estaba de acuerdo y además le iba a sacar fotos porque quería verla disfrutar como un extraño le hacia el amor en mi propia cama. Esa clase de vouyerismo también la excitaba a ella.

 Ella me juró que no me había engañado nunca con nadie, - pero yo no comía vidrio -, más de una vez le revise sus mensajes de texto en su celular y encontré como otro tipo le ponía muchas cochinadas y ella le contestaba con mucho interés.

 Como yo no quería conflictos con mi mujer, - teníamos un matrimonio de 30 años de casados con hijos -, decidí exonerarla de culpa y cargo porque entendí que era un problema mio de no poderla satisfacer con mi flacidez. 

 Después de insistir de que no me enojaría, mi señora llamo a un servicio de acompañantes, mientras se metía el dedito entre sus labios, como si le agarrara mucha culpa por ello. Un número telefónico que seguramente ella ya había usado antes para que se la cogieran como ella merecía fue su única carta de esperanza en aquella noche.

 El flaco no tardó ni 15 minutos en venir. Mi mujer quedo enloquecida al verlo y no tardaron más de cinco minutos en hablarse cuando vi que él le quitaba parte de la ropa a mi mujer, mientra yo la espiaba en la habitación de enfrente. 

 Ella le dio besos como loca con su traviesa lengua, - confieso que la lengua de mi mujer es muy movediza y le gusta hacer de todo -, comiéndole la boca a ese desconocido. Ni bien le saco la camisa le comenzó a chupar la pija como una puta, mientras ella sabía que yo la espiaba, ella me sonreía. Mi esposa le baboseaba todo el falo hasta el punto tal que se atragantaba con su propia saliva. Así estuvo un buen rato hasta que el tipo, de tan caliente que estaba, la agarro y la puso de espaldas para darle matraca por su concha. ¡Como se la cogía! Toda esa morbosidad me volvía loco. ¡Mi mujer cogiendo con otro en esa cama donde a veces duermo con ella! La cuestión que ella gemía y gritaba de placer al ser penetrada como él quería, haciéndola suya, ella lo disfrutaba bastante.

 Por último el chongo le hizo la cola, - al principio se negó pero ella estaba bastante caliente con él-, y le hizo una turca para terminar acabandole en la cara. Ella sonreía de placer, como toda una guarra satisfecha. El flaco se cambió rapidamente y se fue luego de que le pagáramos más de 500 dolares por un polvo a mi señora que duro algo más de media hora. Más que un polvo le hizo el servicio completo.














     

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